Tras despedirme de mi amiga Seli que tantas atenciones me había brindado y tanto me había ayudado en mis días en Buenos Aires. El miércoles 8 de Abril llamé a radio taxi para que me llevara hasta el aeropuerto Ezeiza y cogí mi vuelo a Ushuaia. A pesar de lo que dicen y me consta que la aerolínea es chapucera, el vuelo salió a tiempo.
Hizo escala en Río Gallegos, un lugar que parecía sacado de una mezcla de película western y de terror psicológico. Y de nuevo a volar, que le cogiste miedo a volar: dos tazas. Además de tanto despegue y aterrizaje, decir que el trayecto entre Río Gallegos y Ushuaia fue todo el tiempo con el cinturón de seguridad ajustado y en una de estas el avión se pegó una toboganada que desató los gritos de los más expresivos mientras yo trataba de desclavar mis uñas el brazo del asiento y me preguntaba si lo del fin del mundo no sería temporal en lugar de local.
Pero toda la llegada a Ushuaia estuvo marcada por el contraste. Por un lado eso, pero por otro una locura sobrevolar las montañas nevadas y cubiertas de lengas de tonalidades rojizas y amarillentas. Una auténtica preciosidad. Mi maleta salió pronto y el taxista me dejó sin problemas en el alojamiento que había reservado. Y aquí viene la cruz de la moneda, porque no había nadie y después de esperar un rato se puso a llover. Y luego de pasar por turismo me consiguieron una habitación que me gustó bastante. Pero eran las cuatro y media y no había comido más que el aperitivo del avión y todo estaba cerrado.
Y un viento glaciar recorría las calles de este extraño sitio: La ciudad más meridional del mundo si uno se olvida de Puerto Williams (que es una base militar chilena, a unos pocos kílómetros). Y bueno, a sólo mil kilómetros de la antártida y cerca del faro del fin del mundo que noveló Verne y circundada por el canal Beagle que en su día recorriera Darwin en un barco con ese nombre. Demasiadas cosas como para no sentirse emocionado. Pero demasiado frío también. Así que comí algo, me compré una campera, volví a comer y me fui al hotel a esperar a encontrarme con Ushuaia el día siguiente.

Oh, en los relojes de abajo , falto la hora de México.
ResponderEliminarBuen dia.