A menos de cuarenta y ocho horas ya del ¿comienzo? del viaje. Con muchas emociones encontradas y una lavadora en las tripas que centrifuga a cada rato. Dejando dos gatos huérfanos y viuda. A mis padres, que siempre me han apoyado en lo que he hecho, mis hermanas y sobrinos. Los mejores amigos del mundo. Mi grupo de "trabajo". Pero también con un continente para mí sólo, como si me retrotrajese quinientos años atrás, a la época de los conquistadores que iban a enfrentarse con lo desconocido. Y sí, ya sé que hoy los tiempos son bien distintos, con los tour operadores y sin indios que tiren flechas, pero lo desconocido sigue igualmente presente.
Y señores del jurado, lo desconocido, asusta.
El comienzo se acerca. ¿Pero qué comienzo?, normalmente entendemos salir ya de nuestro lugar de origen. Pero es dificil concretarlo, podría ser el instante en que uno se despide en el aeropuerto o bien el momento en que despega el avión, pero también el momento en que se aterriza. Tal vez no se pueda hablar de inicio hasta que ya me vea recorriendo las calles de Buenos Aires. O quizá como en la India sea mucho después, bajo el extraño color del cielo en Tierra del fuego en que diga, sí, estoy viajando. Por otro lado no nos engañemos, el comienzo fue hace mucho, cuando comencé a imaginar este viaje y empecé las primeras gestiones. En realidad llevo en él ya bastante tiempo. el viaje es la metáfora por excelencia, se ajusta perfecta a los pliegues de lo que llamamos vida.
Estoy comenzando a desvariar. No me culpo. Trato de despistar inutilmente los nervios en reflexiones circulares.

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