Además de visitar los diferentes barrios bonaerenses, hice algunas escapadas cercanas a la capital. A Tigre se llega en tren. Un tren lleno de estudiantes, que podrían ser los estudiantes de cualquier ciudad europea. Pero también con vendedores que radio en mano venden cds. Y los que venden alfanjores por dos pesos pero que en realidad venden el cambio de un billete de diez en las valoradísimas monedas de un peso. Tigre no tiene nada que ver con ningún sitio donde haya estado. Decir que es como Venecia pero en la jungla es decir bien poco y simplificar mucho pero para hacer una idea ya vale.

El delta del tigre se extiende entre canales y profusa vegetación. Orilladas en los distintos ríos y acequias las casas se disponen con sus paralelas hasta los muelles. El único medio de transporte es el barco. En las lanchas locales la gente lleva sus provisiones en el techo y se reparte también el correo según necesidades.
Una opción es bajarse en tres bocas, un enclave que además de un buen restaurante tiene unos cuantos senderos para pasear entre canales y acequias o adentrarse un poco más en la enmarañada jungla, bajo los grititos de los pájaros.
La pega es que algunos dueños dejan a sus perros sueltos y son muy desagradables. Dicho de forma políticamente correcta.

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