lunes, 20 de abril de 2009

11- Las torres del Paine (17/19-04-09)

En plena frontera argentino chilena (realmente en tierra de nadie), conocí a Tatiana e Iván, de la isla de Tenerife. Acabé yendo a su mismo hotel y fue todo un acierto. Por un precio parecido al de Calafate pude tener una habitación de lujo, con tele por cable, ducha con hidromasaje y un verdadero somier. Además el sitio estaba regentado por Tina, una mujer entrañable, aunque entrañable no es la palabra, ni tampoco tierna, ni tampoco cualquier otra que se me ocurra. Es simplemente para conocerla. Puerto Natales es una ciudad pequeña sí, pero verdadera. Quiero decir que no es como ese recinto turístico de Calafate ni tampoco esa cosa extrañísima que es el Chalten, que por otro lado no creo que tenga equivalente. Puerto Natales es un pueblo cuadriculado, de casas bajas color pastel, algunas desvencijadas. Y cuyo fundamento es su muelle a la bahía de última esperanza de donde salen los barcos que cruzan los fiordos hasta Puerto Mont en el norte de Chile. Pero por encima de todo, Puerto Natales es la población de entrada al parque nacional de Torres del Paine.


Casa en Puerto Natales

El parque nacional de Torres del Paine, es según algunas guías uno de los más bonitos de todo Sudamérica y es quizá junto con el desierto de Atacama, una de las mayores atracciones turísticas de todo Chile. Como bien tenía entendido, y verdaderamente es cierto, los precios del lugar están inflados. El transporte hasta el parque ida y vuelta y cogiendo un transfer más que te acerque al refugio de las torres sale por 30 euros (eso sin coger el catamarán empleado en ciertas rutas), la entrada sale por 21 euros. Dormir en los refugios en dormitorio compartido sale si se va sin saco por 35 euros. Si se quiere desayuno 8 euros más. Y si se quiere comer o cenar 10 euros más por cada una. Evidentemente yo cargué con mi saco y con toda la comida que mi generosa mochila podía contener. Teniendo en cuenta que la zona del Chaltén puede llegar a ser igual de espectacular y que todo allí resulta gratuito, el parque de Torres del Paine ha sabido explotar su iconografía de lugar imprescindible para todo viajero.
Dicho esto, hay que subrayar que el macizo que forman las montañas del Paine, es de una belleza asombrosa. La combinación de rocas de diferente origen, las formas, los colores, sobre todo los colores, que parecen un invento de algún pintor genial consiguen que al final uno se alegre de haber visitado el lugar. Además hubo dos factores determinantes en mi visita. El primero; el día tan extraordinario que tuvimos en nuestra marcha hasta el mirador de las torres. El segundo que a la agradable compañía de los tinerfeños, se unió la de Adrián y Rubén, dos canariones ultramajos que están estudiando en Punta Arenas y que visitaban el parque por segunda vez porque hace una semana la lluvia les había imperdido hacer la marcha. La marcha con los cuatro fue un verdadero placer y aunque el tramo final hasta el mirador era de una considerable dureza, al final, chicharreros, canariones y un madrileño llegaron hasta el lugar para admirar la belleza de las torres.

La exitosa expedición


La duda me persiguió durante la noche y la mañana, pero al final me decanté por regresar con los tinerfeños. El motivo principal es que estaba bastante cansado. No me apetecía dormir de camping, no me apetecía andar más, considerando que las torres eran lo más espectacular del parque, prefería bajar hasta Natales y llegar hasta la región de los lagos tranquilamente. Había corrido mucho en quince días y quedaba mucho tiempo por delante, había que dosificar. Lo único que sentía era dejar a los canariones que tan simpáticos me resultaron y con los que el trayecto de la w hubiera sido muy divertido, en cualquier caso mi doble be larga(como dicen aquí), se quedó en un palito de ida y vuelta.
Con Tatiana e Iván recorrimos en colectivo parte del parque y fuimos hasta el mirador de los cuernos, vimos muchos guanacos y un zorro que esperaba algún regalo de parte de los turistas. Ese día, el 19 regresamos a Puerto Natales, allí nuestros caminos se separarían, ellos iban hacia Ushuaia y yo saldría el día siguiente hasta Punta Arenas, destino ineludible si quería coger el avión hasta Puerto Montt.


zorro con los cuernos del Paine

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