jueves, 16 de abril de 2009

9- El Chalten (Parque de los glaciares norte) 14/15-04-09

Había sobrevivido al dormitorio compartido sin ningún problema. Recordé lo que decía Edurne de ahorrar durmiendo, para luego viajar más. Y también me acordé de mis amigos cuando dormí con ellos en un compartido de Munich. De momento siempre que pudiera tiraría de compartido, al menos mientras los precios estuvieran así. Era tiempo para marcharme del Calafate ya, así que partí hacia la parte norte del parque, cuyo máximo interés son los cerros Fitz Roy y el cerro Torre, que son todo un paraiso para los alpinistas y para los amantes del trekking. Lo que se conoce como Chalten es el pueblo, un sitio como a medio hacer, entre casas destartaladas y chalets de madera, con perros rondando por las calles sin rumbo fijo. El Chalten también era el nombre con que los indígenas se referían a la montaña (que desgraciadamente hoy se ha preferido llamar Fitz Roy) que significa volcán, por la frecuencia con que las nubes cubren su cumbre. El viaje transcurrió tranquilo, hacía un día radiante y el conductor que se pasó medio viaje chupando mate tuvo la gentileza de pararnos en un punto de la carretera en que se veían los cerros. Es la misma foto que salía en la portada de la revista lonely planet en el número de la patagonia, y recordé cuando la leía soñando este viaje. Volví a pillar un hostel barato, esta vez busqué uno que no tuviera renombre en las guías y la jugada me salió bien porque estaba vacío y pude dormir solo. Una forma de asegurarme menos ruidos en la noche.


El Chalten

Las montañas caprichosas

Tras coger la brújula, la linterna, ropa impermeable y de abrigo. Compré algo de comida y me preparé a visitar la laguna torre. Una caminata de cinco horas muy agradable pero en la que a pesar de que el Fitz Roy estuvo despejado todo el camino, el Torre se mantuvo cubierto en sus cumbres en todo momento. Cuando llegué a la laguna, la cosa no cambió y aunque tuve la suerte de encontar fruto de Calafate (eso creo, al menos no parece que la cosa fuera venenosa porque aquí sigo), tuve que volverme con las mismas. Sólo ya cerca del pueblo, el cerro se despejó del todo, y pude ver su bella forma. En fin, en su casa cada uno se quita el sombrero cuando considera.

Vista del cerro torre

Al día siguiente, visité el Fitz Roy, aunque anduve haciendo el indio un rato largo, buscando una senda que no existía. Conseguí reencontrarme con el camino y de paso con mi amigo Millind que iba a acampar en la base con otros dos viajeros. Dos franceses que iban a ir de Ushuaia a Alaska en motocileta durante un año. La excursión fue muy agradable porque ellos se manejaban bien en español y me contaron su proyecto. Ahora que el Chalten a lo suyo, totalmente cubierto, estas montañas es acercarme a ellas y cubrirse de nubes. El último tramo de la subida tiene un pendiente muy fuerte (se suben 400 m en 2 km) y como andaba con prisa, me dejé un pedacito del pulmón en el sendero, eso sí hice cumbre y llegué a un sitio con un laguna turquesa precioso. Y además estaba absolutamente sólo. Acaso por el esfuerzo, por la emoción o lo que fuera entré en un estado epifánico. Grité la palabra chalten tres veces, pero no se me entendió bien porque en lugar de irse las nubes creció un arco iris.


Vista desde la laguna de los tres

Locura transitoria tras el esfuerzo

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