Las montañas caprichosas
Tras coger la brújula, la linterna, ropa impermeable y de abrigo. Compré algo de comida y me preparé a visitar la laguna torre. Una caminata de cinco horas muy agradable pero en la que a pesar de que el Fitz Roy estuvo despejado todo el camino, el Torre se mantuvo cubierto en sus cumbres en todo momento. Cuando llegué a la laguna, la cosa no cambió y aunque tuve la suerte de encontar fruto de Calafate (eso creo, al menos no parece que la cosa fuera venenosa porque aquí sigo), tuve que volverme con las mismas. Sólo ya cerca del pueblo, el cerro se despejó del todo, y pude ver su bella forma. En fin, en su casa cada uno se quita el sombrero cuando considera.
Vista del cerro torre
Al día siguiente, visité el Fitz Roy, aunque anduve haciendo el indio un rato largo, buscando una senda que no existía. Conseguí reencontrarme con el camino y de paso con mi amigo Millind que iba a acampar en la base con otros dos viajeros. Dos franceses que iban a ir de Ushuaia a Alaska en motocileta durante un año. La excursión fue muy agradable porque ellos se manejaban bien en español y me contaron su proyecto. Ahora que el Chalten a lo suyo, totalmente cubierto, estas montañas es acercarme a ellas y cubrirse de nubes. El último tramo de la subida tiene un pendiente muy fuerte (se suben 400 m en 2 km) y como andaba con prisa, me dejé un pedacito del pulmón en el sendero, eso sí hice cumbre y llegué a un sitio con un laguna turquesa precioso. Y además estaba absolutamente sólo. Acaso por el esfuerzo, por la emoción o lo que fuera entré en un estado epifánico. Grité la palabra chalten tres veces, pero no se me entendió bien porque en lugar de irse las nubes creció un arco iris.

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